Despiden al doctor Antonio Cueva amigos y familiares

Un hombre exitoso y conocedor de la vida

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TIJUANA, EP, 26/072017.- Las cenizas del doctor José Antonio Cueva Rodríguez acudieron a recibir agua bendita en la Iglesia del Espíritu Santo.

La orquesta de jóvenes, que ahí se dio cita, tocó “cuando un amigo se va” de manera suave, a volumen bajo, mientras la parroquia abarrotada de sus amigos, pacientes, familiares y hermanos, eso sí, muchos hermanos (sus entrañables amigos), le dijimos ¡hasta pronto!.

La muerte no es eterna bajo el cristianismo, pero lo más importante es el ingreso de su alma al seno de Dios bajo las plegarias de sus hermanos y las lágrimas que han derramado los afligidos que lamentamos el que ya no esté entre nosotros, dijo el padre Danilo al traducir el dolor que sentimos por su partida en un acto natural que sólo puede entenderse de manera espiritual y compasiva.

En representación de todos sus amigos, Ángel Martín del Campo, recordó sus frases célebres cuando se refería a sus más allegados a los que quería proteger: “es mi niño!”

Nos recordó a un hombre exitoso, perseverante, que al escucharte te decía: “Te entiendo… pero así no es!!!!” Y de inmediato aportaba alguna solución.

Cómo hablar de tantas anécdotas, de tantos pacientes atendidos en su consultorio de dermatología donde siempre le acompañó fielmente Lulú y todo su equipo.

Cómo olvidar el orgullo que sentía cuando se refería a los que amaba sin ser su familia para concretar y decir: “Son…. Mi gente!

Antonio Cueva sin duda fue un profesional en su rama, un pionero que combinó la dermatología con el SPA, en la empresa que él mismo ideó y denominó Saudè, ubicada en la Zona de Río, una clínica que contaba con quirófano, máquinas israelitas para embellecimiento y tratamientos sofisticados para la piel.

Fue un pionero, un hombre que incursionó en la generación de medicamentos dermatológicos, bajo fórmulas que otros médicos de otras partes del mundo compartieron para hacer de la ciudad de Tijuana una ciudad a la vanguardia en tratamientos para la piel, dijo Lorenzo Arce, un reconocido cardiólogo, amigo de la infancia.

Los minutos transcurrían en una misa nada común. Los cánticos apaciguaron el alma y más tarde así como entró la urna con las cenizas en manos de Toñito Cueva, así salieron, en manos de un joven gallardo, que con seriedad llevó a su padre ahora en sus manos como lo hizo el médico cuando su único hijo era tan solo un bebé. Atrás su mamá con entereza, Adriana Araiza.

En el atrio de la iglesia los abrazos de condolencias a su señor padre, el Dr. Santos Antonio Cueva Paz, así como a su mamá María Refugio Rodríguez Montes, a sus hermanos Jaime, Julio y Carlos.

Javier Esparza, se acercó a la urna con sus cenizas para despedir a Toño y después de esto terminó bañado en llanto, no sin antes tomar mi brazo apretarlo fuertemente para decirme que en ese preciso instante el corazón, la razón y el alma habían entendido que alguien muy importante para su vida se fue definitivamente; pero más profundo el sentimiento se arraiga cuando recordó cómo le decía y lo orgulloso que estaba de su entrañable amigo de adolescencia.

Los amigos siguieron abrazando y besando la urna para reparar que a todos nos dejó su tesoro más amado: a Toñito y la muestra de que siempre se puede ayudar en el silencio, ser un buen hijo y además un gran amigo.

Descansa en paz Toño.